06 noviembre 2008

La armonia, una ley universal


Los universos, los mundos, todo lo que existe es gracias a esa armonía que cohesiona todo y hace que dentro de ese movimiento todo tenga su lugar, cada cosa esté en su espacio, en su tiempo, dentro de esa armonía.

En realidad todo lo que existe es gracias a esa armonía. Aunque los habitantes de la Tierra vivan momentos aparentemente negativos, aparentemente caóticos, están viviendo dentro de esa ley universal de armonía.

Les decíamos que quizás en estos momentos no comprendan todavía el significado de las palabras, que para entender el significado de las palabras que están escuchando últimamente tendrían que sentir, tendrían que escuchar a través de sus sensaciones, no a través del oído. Recuerden que el sonido emite unas vibraciones, las palabras tienen un sonido, el sonido unas vibraciones.

Déjense invadir por esas sensaciones que les lleguen del sonido, de la palabra. Puesto que no tenemos otro medio para hacerles entender, se les está transmitiendo a través de sus sonidos, de sus palabras. Si usásemos otros sonidos realmente no nos podríamos comunicar, pero el sentido de esas palabras no es el que ustedes hasta hoy están viviendo, no es el que hasta hoy le están dando, de ahí que les decimos: ábranse a los sentidos, no traten de escuchar con el oído sino a través de la vibración que les llega del interior de sus pechos, ábranse al sonido.

Decíamos que lo que está viviendo la tierra y el ser humano está dentro del gran sentido de armonía del universo que se rige por unos planes específicos para cada raza, para cada existencia. Pero todos tienen una misma necesidad que es la comprensión a través de la armonía. El hombre evoluciona a través de esa armonía, de ahí que todo lo que ocurre en el planeta está ni más ni menos que obedeciendo a esa ley. Está todo, como ustedes dirían coloquialmente, calculado. Nada está al azar, no existe el azar, todo se mueve y se mide dentro de unos parámetros energéticos armónicos, el hombre, todo su sistema el cual le proporciona ese habitáculo para su alma, para su espíritu, está configurado de la misma forma, en base a una armonía. Si no existiese dicha armonía no existiría el cuerpo, por tanto su espíritu no habitaría en él. Cuando una configuración deja de ser armónica, hablando en términos de humanidad, muere.

Si todo es así, si todo se rige por esa ley de la armonía, si últimamente se les está comentando que el hombre debe de ser su propio y único referencial, que en él existe todo, ¿cómo puede ser que el hombre esté entrando en ese conflicto interno que le hace enfermar?

Para poder continuar viendo un sentido a su vida, el hombre necesita, por necesidad, recuperar esa armonía por la cual existe y de la cual fue creado. Para recuperarla debe observarse internamente y darse todo lo necesario para entrar de nuevo en equilibrio, darse ese permiso de reconocimiento que cada cual necesita para entrar en armonía, que sus pensamientos, sus sentires, sus emociones estén equilibrados.

Normalmente el ser humano dedica mucho tiempo y le da mucha importancia al exterior. Pero internamente, a sí mismo se va cubriendo y cubriendo para no conocerse, presiente que no se va a agradar. Ahora, cuando habla hacia el exterior ahí ya dedica más tiempo y quiere que le vean un ser educado, correcto, bueno –entre comillas-, perfecto para otros, es un estar hacia fuera que no es real. Ese estar hacia afuera es lo que ha llevado a la humanidad al punto en que hoy está, punto necesario -entre otras cosas- para su propia evolución, pero no único, no único.

El hombre tiene dentro de esa libertad la libertad de evolucionar cuando él así lo crea, cuando él decida, dentro de esas pautas de leyes universales. Dicho de otra forma, cuando el hombre entra en ese proceso de evolución planetaria, él decide si evoluciona dentro de la energía del planeta o si lo deja pasar, es libre hasta de elegir su propia evolución, su propio cambio, cómo, dónde, cuándo.

Y el hombre eligió, eligió vivir hacia fuera para que los demás le alabaran, le alabasen para sentirse bueno, pero en el instante en el que el planeta tierra está eso no sirve puesto que eso no es armonía, la armonía existe desde el interior. Cuando un ser humano actúa desde su interior es un ser equilibrado, puesto que su parte más profunda está totalmente alineada con el universo, no entra en conflictos, no enferma, ese es un ser en armonía.

Cuando un ser se ve desde fuera y todo parece correcto pero él no se siente bien, como les decíamos la vez anterior, está en ese punto de transmutación necesario para darse a sí mismo permiso de cambiar, es una alerta que tiene para decirse a sí mismo: “no estoy obrando correctamente, todo el mundo me ve bueno pero yo estoy enfermo, no estoy obrando correctamente”. Pero se lo ha de decir uno a sí mismo, nadie desde fuera puede juzgar a nadie porque no sabe el punto en que se encuentra ese ser, de ahí que muchas veces les hemos venido diciendo “no juzguen, es el propio hombre quien se ha de valorar y sentir cómo está”.

En estos momentos el hombre lo tiene fácil aunque no lo crea. Creen todo lo contrario: que están en tiempos difíciles. No, están en el momento idóneo, es un momento fácil para dar este paso porque es evidente, sus pensamientos ya no se pueden ocultar, sus emociones tampoco, ya nada se puede ocultar. El ocultamiento trae enfermedad y aquel que quiera conocerse y entra en ese desequilibrio que llamamos enfermedad ya está viendo que no está actuando correctamente, por tanto lo tiene fácil porque puede echar mano de aquello que no le gusta y cambiarlo, puede ver pensamientos que son inarmónicos y cambiarlos, actitudes que no le llevan hacia donde él quiere ir y cambiarlas. Antes eso lo tenía más oculto, no se lo dejaban ver porque la Tierra, entre otras cosas, no estaba en ese punto de equilibrio para que el hombre pudiese hacer ese cambio evolutivo, pero hoy la tierra ya no traga mas, hoy ya no camufla más los sentires del hombre.

Aquel que siente y se siente bien, se siente perfecto porque está en armonía, no enferma, no entra en contradicción, pero aquel que hasta ahora por inercia, por desconocimiento, por imprudencia, por miles de causas ha llegado a un punto en que no le agrada, en que se ve estancado, puede perfectamente, porque todo se le pone a su alcance para ver en qué puntos de si mismo tiene que hacer el cambio.

Y volvemos a insistir, traten de sentirlo en lo más profundo, no se trata de quedar bien hacia fuera, se trata de sentirse bien desde lo más profundo del ser, se trata de indagar en lo más intimo de uno y no dejarse pasar nada, sin importar, sin importarle qué dirán de él, qué pensaran de él.

Cada vez más el ser humano está llegando a la conclusión de que no se conoce a sí mismo, por tanto no puede conocer a los demás. Está entrando en ese estadío importante y hermoso de dejar de juzgar a los demás, es uno a si mismo quien se juzga y se prejuzga, por tanto si hasta hoy lo que le han enseñado, lo que ha aprendido y lo que lleva implantado es el quedar bien con los demás para que los demás le den ese toque en la espalda o esa aprobación, no va a entrar en armonía, no es de esa armonía la que estamos hablando y automáticamente su propio cuerpo se lo hará ver.

Y no tiene que ir muy lejos ni tiene que hacerse demasiadas cábalas, “¿qué me estará pasando?, ¿qué no estaré haciendo bien?”, no tiene que ir muy lejos, tiene que aquietarse, observarse y observar a ese universo que replica en armonía y perfección, y ver que uno consigo mismo no está obrando de la forma que piensa, ni de la forma que siente ni de la que desea, está obrando porque así lo ha marcado en un momento la historia de la humanidad y él mismo, que lo hizo en base a su comportamiento.

Podríamos decir que al hombre, al ser de humanidad ya no se le da más tregua, ya no se le alargan mas los plazos, que aun sin él saberlo ya ha subido ese pie al tren y el tren le lleva, sin él saberlo. Ahora, lo único que debe de hacer es agarrarse bien para que la inercia de la velocidad no lo tire, agarrarse bien a lo más profundo de su sentir, de sus pensamientos, de sus sensaciones, agarrarse bien, volver a generar unos nuevos cimientos con nuevos conceptos en este mismo lugar, porque sin él saberlo, la evolución como ser, como raza, ya lo ha absorbido pero él aun no se ha dado cuenta, aun no lo ha hecho propio.

De ahí que les hablamos: abran sus sentires, acoten un poco su pensamientos, no quieran razonar aquello que sientan porque no lo van a encontrar de momento, de momento no van a encontrar una razón para ese sentir.

Son nuevos cimientos y aun en la mayoría esos cimientos ni se están haciendo, tienen el material únicamente. De ahí a poco, cuando entre esa nueva conciencia dentro del ser, comenzarán esos cimientos. De momento, lo único que debe hacer el hombre es agarrarse bien a sí mismo, porque dentro de sí es donde va a encontrar esa solidez que le haga mantenerse. Dentro de sí, no intenten agarrarse a cosas de fuera, no intenten agarrarse a seres humanos, a conceptos de éstos, no intenten agarrarse a nada de fuera, agárrense a lo más profundo de sus sentires. Si algo, si alguien les resuena hasta el punto de hacerlo suyo, háganlo, pero tienen que sentirlo propio, propio.

Dentro de esa armonía el hombre está, dentro de esa armonía el pensamiento universal está, el sentir universal está, el sentir del hombre también. Tienen a agarrarse a esa unidad, a esa unicidad que haga que un pensamiento, una acción, sean suyos.

Dentro de las prisas que tiene el hombre por alcanzar una paz, por alcanzar una inquietud, una necesidad, dentro de esas prisas tiene que dar ese tiempo –entre comillas- para que todo llegue a su nacimiento, para que todo se vaya digiriendo. El hombre escucha o piensa y automáticamente quiere alcanzar eso que ha escuchado o aquello que ha pensado, pero todo tiene un proceso y en este tiempo tan revuelto el hombre tiene que hacer acopio de esa templanza de saber que todo le va a llegar pero que todo tiene un comienzo y una culminación, todo tienen un proceso, un tiempo.

Les hemos puesto muchas veces el ejemplo del nacimiento del hombre, que antes de implantar la semilla energéticamente ya está, después la semilla es implantada y después pasa un tiempo hasta que el hombre nace. Todo en el universo gira dentro de esa armonía y todo tiene su tiempo de gestación.

Pero el hombre tiene que templar esos ánimos para ver que todo tiene y sigue ese proceso. En la medida que se temple y no quiera acapararlo todo en un instante, verá el sentido que tiene esa espera, verá el sentido que tiene su vida dentro de este momento y verá y comprenderá el sentido que hoy quizás no entienda, verá que todo fue necesario, verá que ese estar le llevó a un hecho, a una comprensión y a un desenvolvimiento que le da sentido a su vida, y automáticamente todo cambiará para él, automáticamente todos sus valores, los conocidos, esos con los cuales él se maneja, cambiarán totalmente y será realmente ese hombre, esa nueva humanidad.

Quédense en estos días solamente con una cosa, lo demás dejen que resuene en su interior. Quédense con afianzarse a lo más profundo de sus sentires, a lo más profundo.

Amen.

3 comentarios:

Alma dijo...

Solo un deseo....

Un movimiento más, danzante dentro de mí, lleno de vida,llamado universo, en el que me invaden, sonidos, vibraciones, palabras, sentimientos....

Y un gran deseo lleno de armonia, grandisimo, que crece en mí; cerrando todo lo exterior, para que se abra todo mi universo interior,y poder proyectarme como luz en el infinito.

YO.

Alma dijo...

Gracias por cada momento en el que escribÍs la oración para que pueda llegar a mí.

GRACIAS.

musa dijo...

Teniendo claras las cosas es mucho más facil seguir un camino. El camino es como un juego especial pues sigue el orden marcado por las leyes que nos rigen.

Si renunciamos a nosotros mismo no quedará nada para los demás.
Siempre seguiré este camino y la senda del amor a la verdad y al respeto intentando no alterar el orden de las cosas.

Muchas gracias por aportarnos tu conocimiento y esa armonia en tus relatos.
Un besazo.

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