06 junio 2008

ORACION: EL DESPERTAR


El ser de humanidad está sumergido en un largo sueño.

Desde quizá su inicio, que supo cuando venir y qué hacer, se quedó sumergido en esos placeres que el planeta le ofrecía. Se sentía embriagado hasta el punto de imbuirse de lleno en ese estado de sopor que le hizo entrar en este sueño profundo, quizá necesario para poner su cuerpo en comunión y comunicación con los demás seres vivos del planeta.

Pero una vez que el hombre comienza a tener conciencia de ese largo sueño, automáticamente comienza a despertar. Y ¿qué le ocurre hoy al hombre cuando, después de un largo tiempo, comienza abriendo los ojos y a despertar poco a poco? En la mayoría de casos, cuando comienza a abrir los ojos, su realidad que ve le hace de nuevo cerrarlos y continuar dentro de ese sueño.

De hecho, en muchas civilizaciones, aun actualmente se dice que lo que vive el hombre, aquello que él llama vida, no es sino una ilusión de su ensueño, que la vida o la realidad -entre comillas- del alma, nada tiene que ver con ese letargo en el que se encuentra.

Quizá por eso, en este despertar o despertares, cuando el hombre atisba lo que ha de hacer, prefiere cerrar de nuevo los ojos y continuar soñando. Y muchos seres humanos, dentro de este tiempo de despertar, lo están haciendo, y la inmensa mayoría vuelve a cerrarlos.

Y dentro de ese libre albedrio que tiene el hombre, se le respetan sus tiempos y su ensoñación porque realmente todo ser viviente en un momento determinado ha de despertar, le guste o no; es como si el tiempo de la noche hubiera culminado para dar de nuevo los buenos días al sol, a la luz, a la autentica luz, quiera el hombre o no, por tanto se le respeta ese tiempo de pereza, ese tiempo de embriaguez, porque poco le queda.

¿Qué quiere decir que al hombre le queda poco de estar en esa ensoñación?

Quiere decir una vez más, que el ciclo del universo y de la tierra está entrando de lleno en la luz, por tanto no puede haber oscuridad, no puede haber ensueño ni ensoñación. El hombre tiene que despertar de ese largo y profundo sueño y adecuarse a la luz. Y tiene, como siempre, opciones para poder hacerlo de la forma con la que más se identifique cada cual.

Una de ellas es abrir los ojos y levantarse. O sea, esos instantes de lucidez que tiene el hombre a lo largo de su vida, no acallarlos con nada del exterior. A eso nos referimos con abrir los ojos y levantarse, que no haya nada que le entretenga para de nuevo quedarse sumido en ese letargo. Ese sería el proceso voluntario de cada ser de humanidad, y seria dado con armonía puesto que él acepta, al abrir los ojos, la conciencia de dar los giros necesarios en sí mismo para ser consciente de una nueva forma de hacer y de comportarse en la vida. Y se hace con armonía porque es voluntario.

Cuando el hombre actúa dentro de esa conciencia de querer, que nada ni nadie le obliga, su cuerpo no crea desarmonía, por tanto no crea enfermedad. Pero si cada vez que quiere despertarse y lo que ve no le gusta y de nuevo vuelve a sumirse en ese letargo, su cuerpo se resiente porque es tiempo de despertar y de asumir voluntariamente cada cual aquello que vea y aquello que sienta. Si de nuevo vuelve a taparse, genera desarmonía y por tanto enfermedad.

Si decimos que el hombre está en ese proceso de luz y de despertar, no existe la enfermedad porque en el tiempo de la luz no existe la oscuridad, en el tiempo de la salud no existe la enfermedad, en el tiempo de la sinceridad no existe la mentira. Y en este tiempo en que está el hombre, si genera enfermedad, si genera mentira, si genera oscuridad, es porque quiere de nuevo sumergirse en esas tinieblas que hasta hoy le han servido –entre comillas- para lo que él llama vida, pero no sirven para el despertar de las conciencias, no sirven para la luz en que la tierra se está moviendo.

Lógicamente, dentro de esa libertad que el hombre tiene, porque así se lo conceden, la tiene hasta el punto de ser él quien genere voluntariamente una enfermedad que le haga de nuevo retornar, o sea, fundirse con la Totalidad, lo que el hombre llama muerte.

Eso parece ser que le resulta más cómodo, más fácil, dejarse llevar por las circunstancias que ha generado él con su propio hacer, con su propio cuerpo, y marcharse. Le resulta más cómodo optar por marcharse que por levantarse con la consciencia limpia y los ojos abiertos, y tomar aquello que él decidió para sí mismo como hacer, como hacer aquí en la tierra. No quiere alargar las manos a la espera de que depositen en ellas su hacer, aquel que no recuerda, aquel que olvidó dentro de ese largo sueño. No quiere extender las manos y recoger lo que le corresponde hacer dentro de este tiempo de luz. Teme porque no recuerda, pero es que no va a recordar nunca si no comienza a hacer en esos estados llenos, quizás, de penumbra, donde no ve con claridad, pero que si no mueve, si no alarga mínimamente y hace no podrá ver con más claridad.

El hombre, dentro de esa libertad, es él quien se va quitando la venda de los ojos, él quien va paso a paso observando y observándose cuál es su crecimiento, cuál es su desarrollo, cuál es su adelanto. El es el único, como ya muchas veces hemos dicho, que puede hacer aquello que necesita hacer, el único que se lo impone, el único que se juzga, el único que se premia, él es el único, nadie le juzga ni le premia, ni le empuja ni lo para. Sí es cierto que la energía universal que existe, le apoya, como punto de apoyo, en los momentos en que no se atreve pero atisba y se atreve, esa energía le apoya, pero esa energía no lo empuja, no lo para, lo apoya.

De nuevo, una vez más, es el hombre quien hace y deshace cómo y cuando quiere, donde y con quien quiere, y jamás se emite un juicio ante su evolución o involución, jamás. Es él quien está o no satisfecho consigo mismo, es él quien está o no consciente de su despertar o de su sueño.

Y dentro de todo ese tiempo, el que llamamos tiempo, el que el hombre mide como tiempo, donde aparentemente el hombre nace y muere, donde aparentemente las cosas tienen principio y fin, en esa vida que se ha hecho el hombre, lo que él llama vida la ha hecho él, con su forma de actuar, de pensar, ha elaborado esto, lo que hay.

Y estos servidores les dicen que se lo hicieron de forma y modo que los entretuvo y los entretiene para no ver la necesidad ultima que tienen, que es la de darse sin condiciones a esa inspiración divina que quizás, con la mente el hombre no atisbe –y sea eso lo que teme- a ver bajo su punto de vista, bajo su punto de pensamiento, qué es lo que le depara la vida o el destino. Como no depara a ver, teme y no se mueve, pero en esa quietud aparente que está, llega un momento en que la evolución del planeta le hace moverse quiera o no quiera, que es en el tiempo en que el hombre está entrando, de ahí que no sabe cómo vivirlo, no sabe qué hacer, y una vez más se les dice: si todo está en ustedes, dentro de ustedes, será que se tienen que conocer, será que todavía tienen formas de pensar que no corresponden con las necesarias actualmente.

Y ustedes se preguntarán “¿cuáles son las que hoy se necesitan?”. A unos les va a costar más y otros casi lo intuyen o lo saben, pero la inercia de responder con el pensamiento y la palabra de determinada forma tantísimos años, les hace volver a esa comodidad de su pensamiento, a esa comodidad de su forma de comportarse, a esa comodidad de su hacer en todo lo que les rodea. Y eso no hace cambiar nada, los continúa dejando en ese estado de ensoñación.

Y el hombre sí atisba por donde tiene que actuar y cómo tiene que moverse, pero no quiere. Volvemos a la misma metáfora, quieren continuar durmiendo, quieren estar dentro de ese sueño en el que cada uno se ha sumido, ha proyectado un sueño que les gusta, y hasta que se les deje ahí están.

Pero aquel que se llama buscador, que tiene la necesidad sin que nadie le empuje ni obligue de buscar lo que siente que es para él y hacer lo que siente que debe hacer, ya no es momento de quedarse en ese sueño o ensoñación, sino de despertar conscientemente y coger su cuerpo, su mente, su espíritu, y ver cómo tiene que perfeccionarlo. Cada cual se tiene que perfeccionar y tienen todos los medios para poder hacerlo. Recuerden lo que hace un instante se les ha dicho: en el tiempo de la luz no existe la oscuridad. Si el hombre quiere despertar, esa energía le apoyara para que despierte y recoja lo que debe de hacer.

Y lógicamente no pasa jamás -no lo olviden- porque los demás cambien. La humanidad cambia individualmente uno por uno sin que nadie cambie al otro. Yo cambio porque quiero ser consciente y despertar de este letargo, y cambio mi forma de pensar, y mi forma de actuar, y mi forma de comunicarme y mi forma de hacer. Y es de nuevo cambio, cambio, cambio… No sirve nada de lo anterior.

En el tiempo de la luz no existe, no ha lugar, lo caduco o lo anterior, por tanto, cualquier forma de pensamiento que tenga el hombre que no replique con una verdad en mayúsculas, sin ir teñida de pequeñas verdades o pequeñas mentiras, la verdad, un pensamiento sin una verdad autentica no sirve, una forma de pensar que vaya teñida por lo que conviene en cada momento, o en cada lugar, o en cada trabajo, o con las personas, o con los haceres, o con lo que existe, no tiene cabida, por tanto es más de lo que hasta ahora hay.

Cuando el hombre en su pensamiento es puro, su forma de hacer es perfecta, pura, intachable. Esa es la luz.

Claro que el hombre, en su temor se lo amaña de tal forma que no entiende, no quiere entender, no sabe, no quiere saber, y se lo amaña y de nuevo replica en lo de siempre y quiere que alguien le diga “esto es así, así y así”. Si le están diciendo constantemente que en el tiempo de la luz no cabe la oscuridad…, es lo mismo que le digan que en el tiempo de la verdad no cabe la mentira, es lo mismo que le digan “usted, ustedes son hombres y mujeres que van caminando dentro de ese ensueño y van pisando la mentira camuflada, sí, disfrazada también, pero eso, en el tiempo de la luz, la mentira es mentira y la verdad es verdad, no puede ir disfrazada.

Eso que parece que el hombre tenga tan asumido, que parece que es lo correcto y lo natural que las cosas son así, porque si las cambian pueden dañar a los demás. Son esas mentiras piadosas, esas formas de actuar sibilinas, esas formas que lo único que en este momento le están haciendo al hombre es enfermar.

Y algo más que no deben de temer, no deben tener miedo, no deben actuar como que no saben, porque aquel que escucha, aquel que siente en este momento, en este instante, sabe. Y cuando el hombre sabe y actúa como si no supiese, enfermará su cuerpo.

Muchas veces se les ha dicho que cuando el hombre no esté dispuesto a dar un cambio, dejen automáticamente de recoger más conocimiento, no quieran saber nada más, porque todo aquello que escuche, todo aquello que sienta y no haga suyo y replique en consecuencia, en este momento del despertar de la luz su cuerpo enfermará para así ubicarse en la luz pura.

Reflexionen unos instantes antes de hacer ningún movimiento y no piensen ni por un instante que no lo han entendido. Cuando se les habla es porque entienden en su totalidad, pero de nuevo, en su ensueño, recogen aquello que quieren.

No les pase por la mente que no han entendido, lo han entendido. Ahora, el llevarlo a cabo ya es, una vez más, lo que ustedes decidan.

Así sea.

3 comentarios:

darYrecibir dijo...

Amén.

Shanty dijo...

Aportaciones valiosas para nuestro diario vivir. ¡Gracias!
Abrazos,
Shanty

CarmenRosa dijo...

Muy bonita y muy espiritual tu página. Me gusta mucho y que mensajes tan bonitos. En cuanto a mi poema, tienes toda la razón, amar no es pecado. Pero hay otras clases de amores que no están permitidos, que son prohibidos, y ese amor puede convertirse en un gran pecado. Aunque amar es bello, y tenemos que amarnos unos a los otros. Pero como humanos que somos, no somos perfectos, y por eso el sentimiento más bello del mundo, el amor, puede llegar a ser pecado, dependiendo la ocasión. Felicidades, seguiré visitando tu página, y gracias por tu comentario, tiene lógica.

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