28 septiembre 2007

ORACION: LAS RELACIONES HUMANAS Y LAS RELACIONES DIVINAS

Foto: Charo López

Antes de comenzar con el tema de hoy les recordamos, les decimos para aquellas personas que no lo han escuchado nunca, que las oraciones se relacionan unas con otras. No tomen nunca la oración como algo puntual o aislado, recuerden que se les esta dirigiendo para un estado de conciencia elevado. No pueden escuchar una oración sin recordar la anterior o la anterior de la anterior, porque todas se relacionan.
Y en base a esa relación, en base a las relaciones humanas tenemos mucho que aprender, ¿cómo puede el ser humano relacionarse consigo mismo o con los demás si su interior está cerrado? ¿Cómo puede relacionarse la Divinidad, no el hombre, la Divinidad, con el ser de humanidad si este permanece cerrado?: imposible. Y ¿qué ocurre cuando el hombre esta tan cerrado y aislado física, mental, emocional, sentimentalmente con el resto de la humanidad? Sencillamente, deja de hacer aquello que vino a cumplir, porque una cosa, una, quizás la mas sencilla y a la vez la mas difícil para el hombre es interrelacionarse con los demás, ese es un motivo por el cual esta en este planeta en este instante, para relacionarse, para que surja en su interior ese sentido de bondad, de agradecimiento, de satisfacción con las relaciones humanas, para que se regocijen los unos con los otros.
Y en vez de eso el hombre cada vez permanece mas aislado. El hombre vive su vida creyendo que cualquier acontecimiento es aislado, que no se relaciona con acontecimientos anteriores, y no es así. Toda la vida del hombre esta interrelacionada, desde su niñez hasta el momento actual nada es un hecho aislado, no existen los hechos aislados, todo cumple, cumple, de cumplimiento, una línea perfecta que se une a la línea divina. Aunque el hombre no sea consciente, cada actitud, cada hecho, cada circunstancia que el hombre vive aisladamente como buena, mala, regular, infeliz, feliz, no es por una causa del momento, no es que alguien se haya enfadado con él o él con alguien. Todo se relaciona, todo en su vida, cualquier expresión, con él y con los demás, queda latente para ajustarse en el momento adecuado y dar cauce. A veces lo vive el hombre como bueno, como maravilloso, a veces lo vive como una desgracia pensando que le ha tocado a él o a ella, pero siempre, siempre vive el hombre los acontecimientos como cosas aisladas, y hoy se les dice: sean conscientes de que la vida, lo que llamamos vida -y recuerden la oración de la semana anterior-, todo es producto de muchas pequeñas o grandes causas que se han ido acumulando hasta llegar a ciertos o determinados hechos.
Observen perfectamente, conscientemente, sus relaciones con los demás, cómo se relacionan con los demás seres, cual es su intención, y cómo sale esa intención. Ahí el hombre debe de cuidar el verbo, debe de cuidar la expresión, porque una buena intención de nada vale si va teñida de un mal gesto, de una palabra cruda, hiriente. El hombre debe, porque lo debe, es un débito que tiene con la Divinidad, de saber relacionarse con los seres de su especie a la perfección, recuerden que les decíamos no existe ya el “se me olvidó, no me he dado cuenta, no lo volveré a hacer”, no existe. Ya deben recordar constantemente que de nada vale escuchar si no llevan a cabo aquello que les marcó, aquello que identificaron como suyo. Cuiden las relaciones humanas, porque es lo que tienen, ustedes, sus espíritus, están dentro de cuerpos humanos, y el espíritu es Él, y el cuerpo es el espíritu, es el templo de Él, es su lugar de encuentro consigo mismo y deben cuidarlo, deben de esmerarse al máximo para que su comunicación con los demás sea pulcra, perfecta, no rayando a la perfección, perfecta; mímenla, cuídenla.
¿Cómo creen ustedes que se puede relacionar la Divinidad con seres de humanidad que entre sí, entre ellos mismos y consigo mismos, no se relacionan correctamente?: imposible.
Les decíamos anteriormente que en muchos casos nos es imposible hacernos entender porque ustedes permanecen cerrados. La Divinidad quiere relacionarse con el hombre y no con hechos aislados, no con lo que ustedes llaman “he tenido un día maravilloso”, o “tengo una época perfecta por esto, por esto, por esto…”. No, eso quizás entre dentro de las relaciones humanas, pero cuando ustedes sientan que en su interior vibra algo que no saben darle nombre, que esa sensación crece y crece y que ya no les es imposible nada, cualquier pensamiento, sentimiento, pueden realmente llevarlo a cabo, ahí si pueden realmente decir “la Divinidad se esta relacionando conmigo”.
No es que sino no tengan al hombre en cuenta, no, ni mucho menos. Siempre está sosteniendo a cada uno de los seres humanos, sosteniéndolos, siempre les dan todo aquello que necesiten para poder hacer todo lo que tengan la necesidad de hacer, pero siempre será en un plano humano, aunque el hombre crea que por sí mismo lo ha llevado a cabo, aunque el hombre crea que es el que hace, siempre es la Divinidad la que le deja hacer. No lo olviden, cuando el hombre hace es porque la Divinidad quiere que haga, aunque él sea totalmente inconsciente. Pero no estamos hablando de seres inconscientes, estamos hablando de seres que se están, voluntariamente, dejando guiar por unos Servidores de Luz, y para que estos Servidores de Luz puedan guiarles, ustedes tienen que abrir todas sus puertas para que así estos servidores puedan comunicarse con cada uno de ustedes.
Y vamos a entrar en todos y cada uno de los requisitos que el hombre debe de hacer porque recuerden, recuerden que la teoría no sirve, que la escucha tampoco sirve si no le sigue detrás un hecho. Como no es teórico, les damos constantemente los utensilios, que no las claves –no hay nada oculto-, los utensilios para que ustedes hagan con ellos lo que crean conveniente hacer, y esos utensilios para que ustedes vayan abriendo cada puerta, cada rincón, hasta llegar a su propio espíritu, parece o parecería, así a voz de pronto, que fuera algo sencillo, algo que el hombre no ha caído en la cuenta de que lo ha tenido siempre delante de sí y nunca ha llegado a pensar que por esa bobada abriría sus puertas para llegar a tener esa unión, ese hilo, ese contacto con la Divinidad. Se les va a poner ejemplos muy sencillos, muy claros, para que no haya lugar a dudas, para que ustedes no puedan pensar “¿ha querido decir, nos quiso decir…?” No, no podrán pensar que ha querido decir, sabrán perfectamente que se les esta diciendo.
Muchas veces hemos hablado de que el hombre se pierde por los cerros de Úbeda, se pierde con la espiritualidad, se pierde con el esoterismo, se pierde con tantas y tantas cosas… Cree que por escuchar, cree que por asistir, cree que porque está donando, donando economía o simplemente haciendo, dando de sí, ya es ese ser que puede entrar en contacto con la Divinidad, y no es así.
El hombre, el ser de humanidad debe de observar todo lo que le rodea, todo, debe de observar dónde está conviviendo, cómo está conviviendo. Su espacio, al igual que su cuerpo, debe estar sano, cada uno de los órganos debe estar sano, su cuerpo exterior debe estar limpio. Así debe de estar todo el entorno que le rodea: pulcro. Y pensarán “¿Qué tiene que ver, qué sentido tiene la limpieza con la Divinidad?” Cuando ustedes, hombres y mujeres, no es tarea de mujer a la cual voluntaria o involuntariamente ella ha accedido, es tarea del ser humano tener todo pulcro, sin polvo, sin suciedad, ¿Cómo puede salir o entrar el espíritu cuando no esta en armonía? La armonía se genera cuando todo esta pulcro; no limpio, pulcro. Recuerden que una mota de polvo, literalmente -no es ninguna metáfora-, una mota de polvo en el exterior es una mota de polvo en el interior. El espíritu no puede vivir cuando no está su espacio en plena pulcritud, no puede expresarse. Si le tuviéramos que poner una imagen a las palabras que están escuchando sería un templo enorme y en su interior una caja cerrada, pero cerrada herméticamente y ahí el espíritu. Mientras ese templo no permanezca pulcro, esa caja no puede abrirse; moriría, literalmente moriría.
Por eso el hombre no se relaciona a través del espíritu, por eso no se entienden los hombres con su propia especie ni consigo mismos, por eso el hombre no cree en la Divinidad, no cree que haya un ser que está contemplando la evolución de su Creación. No lo cree porque no lo vive, no se relaciona con El, porque para relacionarse con El debe estar totalmente en la misma frecuencia, y la frecuencia divina es tan sutil que toda la suciedad del cuerpo y del entorno del hombre Lo aleja, no existe, no se pueden acercar, cada uno vibra en frecuencias totalmente distintas. Si ustedes quieren acercarse a esa energía, a esa vibración sutil de la Divinidad, deben comenzar por recoger todo aquello que en su interior no sirva, pensamientos, actitudes, y lógicamente, cuando ustedes empiecen a tirar y tirar observarán que su espacio que acoge ese cuerpo, sus casas, sus trabajos, sus lugares, necesitan aire limpio, necesitan espacios pulcros, nadie les tendrá que decir, al igual que ustedes no podrán decir a nadie que esto está sucio o no, no podrán hacerlo porque ustedes mismos se van a dar cuenta que su interior y su espacio están por limpiar.
Y llegará un momento que, como Guías que les enseñan poco a poco y con paciencia que hacer para que ustedes mismos se acerquen, llegará un día en que tengamos que servir a otros seres humanos si ustedes no elevan la vibración. Les estamos dando la forma para que eleven la vibración, lo crean o no es así. Tienen que relacionarse entre la pulcritud, la transparencia, transparencia de pensamientos, de sentimientos, emociones… y la transparencia en sus hogares. Una vez les decíamos: “enciendan luces”, bien como símbolo, como ustedes quieran, pero den luz a esos hogares. Empezábamos desde fuera para, poco a poco, ir guiándoles a ese interior, pero hoy ya se tiene que unificar y dar las palabras para que lo entiendan adecuadamente, no es literal. Es algo que tiene que sentir ustedes, tienen que darse cuenta que están estancados, estancados en sus propios espacios y cuerpos por una suciedad. Nunca les parezca, nunca crean que es demasiado lo que están haciendo. Muchas veces ustedes entre ustedes dicen: “es que esta persona esta obsesiva u obsesivo con la limpieza”. No se obsesionen, pero hagan, hagan constantemente hasta que ni una, ni una pequeña mota de polvo haya ni fuera ni dentro de ustedes.
Intenten con algo tan sencillo, tan sencillo. Cojan el tiempo que necesiten, háganlo cuando ustedes se sientan con fuerzas pero comiencen a tirar y tirar y tirar, limpiar y limpiar y limpiar, y un día, cuando ni siquiera ustedes estén pensando que ya lo hayan hecho suyo, no tendrán la necesidad de ningún intermediario. No es tiempo de intermediarios, es tiempo de que cada cual escuche, si no la voz divina porque no está preparado su cuerpo, sí a estos seres, servidores, que están constantemente alrededor de cada uno de ustedes, porque así en su día ustedes lo pidieron, y se les dio a elegir. Claro que quizás haya alguien que diga “yo no me enteré de esto, no estaba”; hoy lo están escuchando y pueden, como les decíamos la semana anterior, pueden decidir hacer o no, eso es parte de esa libertad que la Divinidad dió al hombre y ahí no hay juicios, ahí no hay, no mas, no mas que decir: “aquí estoy o estamos, para cuando cada cual quiera”
Y así están estos Servidores, para cada uno de los que ustedes quieran ser guiados.
Amén.

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