23 enero 2010

La palabra intencionada

Les recordamos que a estas alturas, en el hombre, ya todo está en su interior. Por eso solo les recordamos, y con todo el amor del que disponen estos seres les encauzan para ese recuerdo.
Todo lo que escuchen y escucharan tiene que resonarles en el interior, puesto que ya todo lo saben. Pero dentro de esa resonancia irán comenzando a despertar dentro de ese recuerdo, a cómo actuar en base a la necesidad vibracional del planeta, o lo que es lo mismo, cómo comportarse en la vida cotidiana.
Partiendo como siempre desde lo que hay, desde lo que somos, desde lo que tenemos comprendido y lo que tenemos que recordar, partiendo de esa base es desde donde comienzan todos los malos entendidos, porque partimos –recordamos- de la comprensión de cada cual; unos han llegado a sentir hasta cierta parte del Plan de la Totalidad, otros están por arriba, otros por bajo…
Por tanto, dentro de esa insistencia en que el hombre tiene que recordar, lógicamente se les dirige en base a los conceptos que ustedes manejan, entre otras cosas el verbo, la palabra, pero ¿qué es lo que ocurre?: que este verbo, esta palabra, cada uno de ustedes la entiende de forma distinta en base a lo trabajado de cada uno. De ahí los malos entendidos que surgen con el verbo y de ahí ese verbo no intencionado que usa el hombre.
Y decimos un verbo no intencionado porque volvemos otra vez a insistir, si tenemos que inducirles o dirigirles hacia ese recuerdo de que son seres totalmente de luz y que todo está en su interior, y tenemos para ello que usar la palabra y cada uno de ustedes la entiende a su forma y su modo, ¿cómo poder llegar a todos? De ahí que llamamos el verbo intencionado, y de ahí que vamos a enseñar o a hacerles que recuerden cómo deben de usar la palabra para que no hayan malos entendidos o, lo que es lo mismo, para usar el verbo creador.
Como al tiempo de hoy nada sirve para pasar a este siguiente estadío, pero tenemos que valernos de lo que tenemos, o sea, tenemos que hacer que sirva, que nos sirva, que nos continúe sirviendo, tenemos que conseguir que la palabra, que es el único medio que tenemos de relacionarnos entre sí, o uno importantísimo que tenemos para relacionarnos, recobre la fuerza que en sí tiene el verbo.
En esta nueva dimensión, mientras estemos en este cuerpo concreto -no en este planeta, en este cuerpo concreto-, mientras tengamos cuerpo necesitamos del verbo para poder continuar estando dentro del planeta. Recuerden que el verbo es creador, crea y nos está creando el espacio adecuado para continuar dentro de este planeta con nuestros cuerpos. Pero para ello la dimensión tiene que cambiar, que es a lo que estamos dispuestos a apoyarles y ayudarles. Aparentemente nada les va a cambiar, físicamente, aparentemente, pero internamente todos ustedes comprobarán, no van a comprobar, estarán comprobando, que en su interior están habiendo grandes y decisivos cambios.
Para que esto sea cada vez más sentido, para que remueva todas estas sensaciones del cuerpo físico, mente, emociones, sentimientos, todas y cada una de las sensaciones, tenemos que continuar haciendo que nos sirva, y bien, el verbo. Para ello tenemos que cambiarlo.
En el encuentro anterior les aconsejábamos que no utilizaran la palabra amor hasta que no sintieran el auténtico amor al cual nos referíamos, pero estábamos usando el verbo, ¿cómo sino poder llegar hasta ustedes?, ¿cómo sino ustedes pueden llegar hasta otros seres humanos? Pero dándole toda la importancia y trascendencia que tiene. Pues bien, aconsejábamos que al referirnos a esa palabra “amor”, como aun ustedes no la sienten, al referirnos a ella lo haríamos como el Creador o la Creación, que es en definitiva amor. Con la palabra ocurre lo mismo.
En definitiva, si el hombre es un ser de luz, en principio aprisionado en un cuerpo concreto y pesado, y es tiempo de florecer, tiempo de iluminar, tendremos que aprovechar lo que tenemos para poder quitarnos toda esta espesura y sentirnos físicamente más ligeros, más sutiles. Por tanto, la densidad de la palabra que usamos hasta el momento tiene que sutilizarse, vocalizase dándole la intención -de ahí que volvemos de nuevo a trabajar con la intención- en todas las expresiones.
Cuando comunicamos, cuando nos comunicamos, hasta hoy nos entendemos cuando no son cosas importantes, cuando son cosas intrascendentes, cuando son palabras dichas sin ninguna intención, ni para bien ni para mal. Podríamos decir en el vocabulario del hombre que cuando se expresan a través de la broma todo el mundo lo entiende, pero cuando la palabra ya tiene que cobrar una importancia, ahí el hombre se pierde porque cada ser humano quiere ser más importante o quiere que se le reconozca mas, cree tener más conocimiento y quiere destacar de cualquier forma por encima de los demás. Entonces la palabra no se entiende, no se quiere entender, se malentiende porque no se escucha. Cuando entre sí hay una reunión y algo se quiere expresar, todos quieren tener la razón y cada cual, como la palabra es tan versátil, la expone pero lo hace queriendo subir por encima de los demás.
Y es natural, es natural porque el hombre, sin él saberlo, quiere llevar a esa palabra, a ese verbo, a su máxima expresión, pero como lo hace desde su ego, desde su don de importancia, y lo único que consigue o ha conseguido hasta estos momentos de la historia es vocear, subir el tono de las palabras perdiendo realmente la compostura de luz del hombre, no se comporta como ser de luz y ha vulgarizado esa necesidad de expresar o de exponer su forma de ver cualquier cuestión. Eso es lo que el hombre tiene que cambiar desde ya en estos momentos, pero a partir de lo que tiene, de la palabra.
¿Cómo sublimar la palabra?: intencionadamente. Yo voy a expresarme, pero antes de expresarme tengo la intención de saber qué quiero conseguir con esa palabra, qué quiero conseguir, cual es mi intención, cual es la intención del ser humano. Primera pregunta o auto pregunta que se tiene que hacer el hombre: ¿cuál es mi intención?, ¿qué fuerza le voy a dar yo al verbo?, ¿con qué intención?. ¿Como hasta ahora, hablar por hablar, hablar únicamente por crear espacios sonoros con un sonido que no se va a poner de acuerdo, hablar por hablar para rellenar el tiempo?
Hasta hoy, comprendan bien, hasta hoy el hombre está donde está –entre otras cuestiones- por no dar la importancia y la trascendencia que tiene a la palabra. Desde hace muchísimo el hombre deterioró el significado de esta y no lo ha recuperado, pero en este momento, si cada cual quiere entrar a formar parte de esa nueva humanidad tiene que hacerlo a través de la palabra, su vibración –recuerden- .
Cuando el verbo es escuchado o vocalizado crea una vibración en el interior del hombre, la cual, si está usando como corresponde ese verbo creador, automáticamente en su interior comienza a haber una resonancia que rompe con todas las negatividades internas u obstáculos que uno tenga para llegar a sentir realmente quien es en realidad.
Cuando esa resonancia penetra en su interior y comienza a haber ese eco, automáticamente entra ese recuerdo, esa intuición, esa nueva forma de dirigirse, de actuar, de escuchar, de ver, de relacionarse, porque aun teniendo ese velo por encima ya comienza a sentir que las cosas son de forma distinta, y lo ha hecho únicamente la resonancia de las palabras, el verbo, cuando es el verbo creador. Mientras tanto son palabras, pero si no van seguidas de esa intención solo quedan en palabras, y las palabras hasta hoy han llevado a la humanidad a lo que es. Y hoy lo que es esta humanidad ya no sirve, por eso se les dan las mismas, ¿observan?, se parte de lo que hay y lo que hay, si se le retoma la importancia siempre ha servido y siempre servirá, pero retomando ese verbo creador y dejando la palabra para este tiempo pasado.
Para que yo me exprese con el verbo creador y este resuene en mi tengo que intencionar las palabras, por tanto no me voy a relacionar con otro ser humano si antes de hablar yo no tengo la intención clara de qué quiero hacer vivir en mí y en el otro, en mí y en el otro lo que realmente quiero expresar. ¡Quiero!, porque así lo creo, porque así lo siento, observo mi vocabulario, observo mi forma de expresarme y observo mi intención y, ¿cuál es mi intención?, debemos preguntarnos; de hacer sentir una verdad que yo creo; voy a hacérsela vivir, voy a hacerle vivir una alegría, voy a hacerle compartir algo increíble que me ha ocurrido, y con esa intención de hacer partícipe a ese ser voy a expresarme. Ya estoy usando el verbo creador, y creo, estoy creando una nueva situación que yo ya he vivido para evocarla y que este ser humano este viviéndola aun sin haberla vivido.
Estamos creando una situación, una circunstancia, un hecho para que otros lo vivan. Eso es aplicable a un pensamiento, a una necesidad de compartir desde el corazón. ¿Cómo se expresa el corazón?: a través de verbo. Pero el corazón hoy se expresa a través de la palabra y esta no tiene la intención bien focalizada y se pierde. ¿Cuántas veces no quieren decir algo, y resulta que lo que la otra persona ha entendido les ha dejado totalmente entristecidos porque nada tenía que ver con lo que ustedes querían expresar? No ha estado bien intencionado.
Y en cambio se parte de lo que hay, no estamos diciendo “tienen que ir allá o acá”, no, estamos diciendo: la palabra es lo que tienen, pero elévenla, denle esa creación que le corresponde, denle la autentica palabra que es el verbo, el verbo creador. Y el verbo se hizo carne…, pueden crear, y de hecho en esta nueva etapa de la humanidad se va a crear mientras estén en el cuerpo físico, van a ver creaciones a través de su verbo o con su verbo, porque habrá retomado la fuerza que realmente tiene. Y esa resonancia que en su interior está es lo que les va a dar la posibilidad de sentir quienes son, y es de dentro, nada les va a venir de fuera, por eso decíamos y repetimos: cualquier pensamiento, aunque estén en solitario, exprésenlo en voz alta.
Les decíamos el encuentro anterior que a través del sonido, a través del color se les va a ir orientando. La palabra, el verbo crea un sonido, y es el principio. Y partimos de lo que el hombre tiene. ¿Comprenden la gran importancia de que comiencen a expresar en voz alta, a modelar su propia voz para que resuene en su interior?
Cuántas veces al escucharse no les gusta su voz, no les gusta su entonación o no la expresan con fuerza, con propiedad. Cuantas veces no se dicen: es que no se me expresar, es que no encuentro las palabras, es que me cuesta. Para reencontrarse a ustedes mismos, para reencontrar quienes son, tienen la necesidad de utilizar la palabra expresada, crear un sonido con su propia voz, expresar pensamientos en voz alta para, de alguna forma, familiarizarse con su voz, en un principio, seguido de muchas más experiencias que ni se imaginan a través de esa resonancia lo que va a ocurrir.
Pero cierto, cierto que hasta los pensamientos tienen que ser intencionados, no deben de dejar que el pensamiento fluctué sin ton ni son, sin blanco ni negro, no, que hasta el pensamiento sea intencionado, voy a pensar en tal o cual visión, en tal o cual idea, en tal experiencia, en tal imaginación, lo que ustedes quieran, pero intencionadamente y expresándolo en voz alta; se asombraran al principio de la torpeza de sus palabras, de la torpeza de su entonación, de la torpeza de lo que fluye, no se reconocerán; pero es necesario, tienen que reencontrarse dentro de esa vacuidad de su interior.
Hacen muchas cosas para sus cuerpos físicos, para estar o para agradarse se visten de esta forma o de esta otra, embellecen sus rostros, sus cuerpos, pero ¿qué hay de esa vacuidad en el interior, de ese silencio del interior que ahora se tienen que escuchar? Yo tengo que escuchar mi propia voz y sentir qué ocurre cuando sale por este cuerpo, por esta vacuidad, qué ocurre desde mi coxis hasta la garganta que es por donde sale, qué está pasando en ese interior, cuántas puertas está derrumbando, cuántos limites está rompiendo, qué desea expresar esta palabra, por qué tiene la necesidad de expresar.
De nuevo volvemos a lo mismo, todo está en su interior, todo, pero no está bien canalizado o está olvidado. El deber de todo servidor, de todo aquel que se considere servidor como estos servidores que les hablan, es de orientarles para que vuelvan a descubrir quienes son.
Se les habló en el encuentro anterior que se está trabajando desde ese corazón, desde esa Creación, para que el ser humano recobre su espacio, y se está trabajando con todos los seres humanos, con todos, para que todos tengan la misma fuerza y claridad para hacer lo que cada uno sienta que debe de hacer en cada momento. Y se trabaja a través del sueño, a través de la intuición, a través de esos momentos de silencio que ustedes recrean, para darles fuerza para continuar.
Comprendan que cuando algo se está soltando, cuando algo está cambiando la incertidumbre del ser humano es grande y a veces esa desorientación les hace sufrir innecesariamente. De ahí que tratamos de darles esa fuerza a través de sus momentos de quietud para que vayan orientados hacia donde ustedes elijan, pero sintiéndose apoyados por –llamémosle- otras fuerzas.
Y así se les continuará orientando en estos momentos trascendentes, y orientándoles cómo pueden ustedes avanzar armónicamente hacia el lugar que les corresponde.
Así sea.

2 comentarios:

Monjeslocos dijo...

Precioso texto Adonai y bien sabio y profundo. En nuestras clases de Reiki usamos las varillas para demostrar el poder de la palabra y su efecto en las auras o campo energético humano. Los alumnos se quedan de piedra al descubrir como frases como "Yo soy un mierda" minimizan nuestra aura dejándonos desprotegidos totalmente y como "YO soy un ser radiante de luz", expande nuestras auras fortaleciendo nuestro campo. Lo hermoso es que podemos "verlo" y con ello, comprender lo necesario de establecer un diálogo con nosotros mismos basado en el amor y la verdad de quienes somos.

Con amor
Bárbara y Craig

Adonai dijo...

Gracias por vuestra aportación, pues vuestro testimonio da aún mas fuerza y sentido a la oración al poder en este caso vivenciar que es así.
Un fuerte abrazo, amigos...

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